El próximo Secretario General de las Naciones Unidas asumirá el cargo en un momento en que el sistema multilateral enfrenta una presión inusual, pero también cuando algunas de sus reformas más trascendentales ya están tomando forma. UN80, el Pacto para el Futuro, FfD4 y la transición hacia la etapa posterior a 2030 abren preguntas sobre cómo debería funcionar las Naciones Unidas, cómo deberían tomarse las decisiones y dónde debería concentrarse el poder.
Esto hace que los primeros 1.000 días del próximo mandato sean especialmente importantes. Las decisiones que se tomen durante ese período ayudarán a determinar qué reformas avanzarán, qué nombramientos de alto nivel darán forma a la Organización y qué prioridades definirán el primer mandato del Secretario General. La ventana de acción es real, pero también tiene un límite de tiempo.


Este es el punto de partida de De 100 a 1.000 días: el próximo Secretario General de la ONU, una agenda estratégica para los primeros 1.000 días del próximo liderazgo de las Naciones Unidas. La iniciativa reúne perspectivas regionales sobre las prioridades que debería asumir el próximo Secretario General y sobre cómo el nuevo liderazgo puede convertirlas en acciones concretas.
En el centro de este trabajo está GRIT, Guidance and Regional Intelligence for the Transition of UN Leadership, una serie de diálogos regionales diseñada para conectar el conocimiento y la experiencia arraigados en los territorios con las decisiones estratégicas que enfrentarán el próximo Secretario General, su equipo de transición y la futura alta dirección de la ONU. Su valor radica en incorporar conocimientos, expectativas y capacidades regionales a un proceso de transición que con frecuencia se define principalmente desde la sede de las Naciones Unidas.
Los encuentros realizados en África, Asia-Pacífico, Europa y América Latina y el Caribe reunieron a profesionales, académicos y actores con diversas perspectivas institucionales, sectoriales y políticas. Un diálogo de alto nivel sobre liderazgo en Nueva York complementará este proceso regional.


La premisa era sencilla: las decisiones que enfrentará el próximo Secretario General se ven de manera diferente dependiendo del lugar desde el que se analicen. Un proceso de transición informado principalmente desde la sede corre el riesgo de pasar por alto aquello que las regiones pueden identificar con mayor claridad. Incorporar estas perspectivas al proceso puede ayudar a identificar no solo dónde convergen las expectativas, sino también dónde divergen y dónde el próximo liderazgo deberá enfrentar decisiones estratégicas difíciles.
Los resultados de este proceso alimentarán ahora un análisis global de políticas y un conjunto de acciones prioritarias que serán compartidos con el Secretario General y su equipo de transición.
Un mismo conjunto de preguntas, cuatro perspectivas
Cada encuentro de la serie trabajó a partir de un conjunto común de preguntas. ¿Qué debería priorizar el próximo Secretario General durante su primer mandato? ¿Qué necesidades, capacidades y prioridades específicas aporta cada región a las distintas áreas del sistema de las Naciones Unidas? ¿Qué acciones internas, incluidos los nombramientos y las agendas de reforma, son necesarias para avanzar en esas prioridades? ¿Qué acciones externas se requieren, particularmente en la manera en que el Secretario General se relaciona con los Estados Miembros? ¿Y qué visión y estilo de liderazgo serán necesarios, incluida la forma en que se comunica el papel y el valor de las Naciones Unidas?


Mantener las preguntas constantes y cambiar el punto de vista fue una decisión metodológica deliberada. Esto permite distinguir entre una preocupación específica de una región y otra que atraviesa varias regiones, al tiempo que muestra cómo diferentes regiones interpretan un mismo problema de maneras distintas.
Cada encuentro reunió deliberadamente a un grupo plural de expertos regionales, académicos y profesionales, junto con representantes vinculados a organizaciones intergubernamentales, gobiernos y al sistema multilateral. Todas las sesiones se realizaron bajo la Regla de Chatham House y la iniciativa no produce declaraciones formales ni resultados negociados. El objetivo fue promover un análisis franco y orientado al futuro, en lugar de establecer posiciones institucionales.
De las conversaciones regionales a un análisis global
Con el ciclo de consultas ya concluido, el trabajo pasa de la convocatoria a la síntesis. Las notas regionales alimentarán un análisis general de políticas y un conjunto final de acciones prioritarias que serán compartidos con el Secretario General y su equipo de transición.
El análisis global irá más allá de una simple agregación de los hallazgos regionales. Examinará qué elementos surgen realmente de las cinco conversaciones, dónde las regiones ofrecen interpretaciones diferentes sobre un mismo desafío y dónde esas diferencias apuntan hacia decisiones que el próximo liderazgo tendrá que enfrentar.


Las expectativas sobre el cargo son amplias. Sus facultades independientes, en cambio, son considerablemente más limitadas. El Secretario General puede utilizar capital político, su voz, sus buenos oficios, los nombramientos de alto nivel y determinados aspectos de la gestión para influir en el rumbo de la Organización. Sin embargo, muchos de los objetivos de mayor alcance discutidos durante las consultas dependen de condiciones que crean los Estados Miembros: mandatos, financiamiento, respaldo político, respeto por las normas acordadas y suficiente espacio para ejercer un juicio independiente.
Esto sugiere que la agenda de transición no puede centrarse únicamente en lo que se espera que el próximo Secretario General logre. También debe considerar qué están dispuestos a aportar los Estados Miembros a cambio.
Por lo tanto, los primeros 1.000 días estarán determinados no solo por las prioridades que el próximo Secretario General elija, sino también por el espacio político disponible para impulsarlas. Las consultas regionales ofrecen una manera de comprender ese espacio antes de que comience el nuevo mandato y de hacer más explícitas las expectativas que rodean la transición.
Cinco conversaciones no resolverán estas preguntas, pero escuchar a las regiones, y lo que tienen por aportar, puede hacer mucho más fácil diseñar el próximo capítulo de las Naciones Unidas.

