La Tercera Cumbre del Sur: fuera de la atención mundial y con poco para mostrar

febrero 2, 2024
Javier Surasky
Director de investigación
j.surasky@cepei.org

¿Es posible acelerar la implementación de la Agenda 2030, enfrentar el cambio climático, promover la paz o construir un multilateralismo más eficaz sin prestar atención a lo que tienen para decir más de dos tercios de los países del mundo? Si su respuesta es un rotundo “no”, como es la mía, entonces estará tan preocupado como yo por la falta de atención recibida por la Tercera Cumbre del Sur que se reunió en Kampala, Uganda, los días 22 y 23 de enero de 2024, precedida por una reunión de funcionarios de alto nivel el día 18 del mismo mes.

Los casi 8.500 kilómetros que separan a Davos de Kampala fueron mucha distancia para los grandes medios de comunicación, que siguieron de cerca las opiniones del establishment presentadas en la ciudad de los Alpes suizos entre los días 15 y 19 de enero. La cumbre estuvo alejada de la atención mundial.

Los antecedentes directos de este encuentro se hallan en la primera y segunda cumbres del Sur reunidas en La Habana (2000) y Doha (2005) respectivamente. A casi 20 años de su último encuentro, lo que indica las dificultades propias del G77+China en afianzar este espacio. Esto no cambia demasiado cuando recordamos que la reunión de este año debió haberse realizado en 2020 y debió posponerse por la pandemia de Covid-19.

Si el G77+China quieren hacer del encuentro un espacio de referencia y darle fortaleza, estas “discontinuidades temporales” decididamente atentan contra ello.

Comencemos, entonces, por recordar lo esencial ¿Por qué importa la Cumbre del Sur? Basta con señalar que se trata del órgano más importante del Grupo de los 77+China (G77+China), y 7 de cada 10 Estados miembros de las Naciones Unidas pertenecen a este grupo. En otras palabras: ninguna conferencia internacional de la ONU puede ser exitosa, y ninguna resolución puede ser adoptada por su Asamblea General (AGNU), si los miembros del G77+China se oponen a ello como grupo. 

En tiempos en que la AGNU gana protagonismo ante la imposibilidad de acción del Consejo de Seguridad en Medio Oriente y Ucrania, y cuando nos orientamos hacia la Cumbre del Futuro que tendrá lugar este mismo año, desatender la reunión más importante del G77+China es un error.

Esto fue bien comprendido por el Secretario general de la ONU, António Guterres, y por el presidente de la Asamblea General, Dennis Francis, que viajaron a Uganda para participar de la reunión. En su discurso durante la inauguración de los debates Guterres dijo: 

La Cumbre del Futuro, que se celebrará en Nueva York en septiembre, es una oportunidad generacional. Su objetivo es reformar y revitalizar el multilateralismo para que funcione para todos, en todas partes, y afronte los desafíos actuales. Es una oportunidad para crear las condiciones para que los países alcancen los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Encontrar consenso sobre marcos para abordar nuevos desafíos y construir un mundo mejor para todos nosotros. Dependemos del G77+China para que la Cumbre del Futuro sea un éxito.

Francis también aseguró que “Ahora más que nunca, el G77 y todas las naciones deben unirse y construir puentes de diálogo, esperanza y cooperación para crear un mundo más justo, más equitativo y más próspero para todos”.

Inmediatamente antes, se había realizado el traspaso de la presidencia del G77+China de Cuba a Uganda, cuyo presidente, Yoweri Museveni, se dirigió a los casi 100 países y jefes de agencias de las Naciones Unidas presentes para solicitarles que en los espacios internacionales se asegure que “las prioridades del Grupo sean promovidas y defendidas”.

Los dos días de trabajo de la cumbre se realizaron bajo el lema “No dejar a nadie atrás”. Su extenso documento final (152 párrafos) deja claro la diversidad de temas abordados durante la reunión, la voluntad de avanzar en algunos de ellos, el estancamiento en que se encuentran otros -previsiblemente dadas las divisiones internas del heterogéneo G77+China-, y llamativos silencios.

Sobre su propio rol, el G77+China afirmó la responsabilidad y centralidad del grupo “a la hora de proporcionar al sur global los medios para articular nuestra visión compartida, promover nuestros intereses y mejorar nuestra capacidad conjunta de negociación dentro del sistema de las Naciones Unidas” (párrafo 18).

Dada la poca transparencia de los mecanismos de toma de decisiones dentro del grupo, nos parece especialmente importante que la Cumbre del Sur haya decidido avanzar en el fortalecimiento de la gobernanza del 77+China, aunque deberemos esperar para conocer los frutos de esa llamada

La defensa del multilateralismo es un tema recurrente del G77+China. Esta vez, estuvo acompañada de la denuncia del incremento de políticas y acciones unilaterales en los ámbitos político, económico y comercial (párrafo 19) y del expreso compromiso del grupo de “apoyar plenamente el sistema de desarrollo de las Naciones Unidas, incluido el sistema de Coordinadores Residentes” (párrafo 80).

En materia de desarrollo sostenible, se reconoce la insuficiencia de los avances hacia los Objetivos de Desarrollo del milenio, señalando que “Los obstáculos al progreso incluyen un apoyo limitado a los países en desarrollo, especialmente en lo que respecta a la financiación para el desarrollo, la transferencia de tecnología y el desarrollo de capacidades” (párrafo 21).

Ampliando el punto, aparece la denuncia de la incapacidad de las Instituciones Financieras Internacionales (IFI) de brindar las respuestas necesarias y la consecuente necesidad de reformarlas. A pesar de volver a suscribir los principios básicos de la Organización Mundial del Comercio, se convoca incluso a su reforma.

También se defiende la aplicación en todo el campo del desarrollo sostenible del principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas –“Estamos decididos a defender y adoptar medidas concertadas adecuadas para garantizar que la comunidad internacional siga siendo sensible a sus diferentes niveles de desarrollo y tenga en cuenta la necesidad de equidad, flexibilidad y espacio político nacional para los países en desarrollo al tiempo que asumen compromisos internacionales” (párrafo 24)-, y el rol de la Cooperación Sur-Sur como motor de progreso solidario del Sur global.

Finalmente, se insiste en la necesidad de ir más allá del PIB per cápita como medida del desarrollo y en la forma en que esto requerirá “una mayor inversión en los sistemas estadísticos nacionales, en la recopilación de datos, y la provisión y movilización de los recursos necesarios para apoyar la creación de capacidades para los organismos nacionales de estadística en los países en desarrollo” (párrafo 48).

Como ya es tradicional, se denuncia el incumplimiento de obligaciones por parte de los países desarrollados, incluyendo la de brindar el 0,7% de su PIB como Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), y se incluye la mención al hecho de que “una parte significativa de la AOD se dedica a los servicios de los donantes a los refugiados, lo que no es coherente con el enfoque a largo plazo y sostenible de la financiación para el desarrollo para alcanzar los objetivos de la Agenda 2030” (párrafo 51).

En materia financiera, junto a la mencionada necesidad de reforma de las IFI, se hace mención a los problema de sobreendeudamiento externo, la falta de espacio fiscal autónomo en los países del Sur, la amenaza de las calificaciones crediticias externas de los países, el crecimiento de las corrientes financieras ilícitas y la necesidad de fortalecer la cooperación fiscal internacional.

Ingresa con fuerza en el temario del G77+China la cuestión de las tecnologías digitales, producto de la reunión que sostuvo el grupo sobre “Retos actuales del desarrollo: El papel de la ciencia, la tecnología y la innovación” (La Habana, 15 y 16 de septiembre de 2023). Se señala como principio que la formulación de la agenda internacional de ciencia, tecnología e innovación y la evolución del sistema mundial de innovación deben tener en cuenta las visiones de los países en desarrollo.

Se reconoce la necesidad de alcanzar un enfoque acordado globalmente sobre la gobernanza de datos, al tiempo que se reafirma la importancia de su libre circulación dentro de reglas legales compartidas, y “el vínculo entre los datos y el desarrollo” (párrafo 94). En sintonía con ello, se rechazan los “monopolios tecnológicos” (párrafo 106).

Como una medida práctica, aunque debemos esperar a su puesta en marcha, el G77-China deciden reanudar los trabajos del Consorcio sobre Ciencia, Tecnología e Innovación para el Sur (COSTIS) y se solicita “se estudie un marco tecnológico internacional, incluido el Pacto Mundial Digital, alineado con los ODS” (párrafo 103).

Se hace un extenso tratamiento de la Cooperación Internacional al Desarrollo, y de la Cooperación Sur-Sur como parte de esta, pero limitándose a repetir ideas antiguas y utilizando un vocabulario que no por estar acordado deja de ser añejo e inútil.

Por otro lado, temas relevantes como la equidad de género, la protección del medio ambiente y los derechos humanos solo son tratados de forma general, reflejo de las desavenencias que generan al interior del G77+China.

Para la previsible decepción de secretario general y de tantos otros que trabajamos por un multilateralismo renovado y eficaz, el documento final de la CSur apenas si hace una mención general de la Cumbre del Futuro como un ámbito más a tener en cuenta en los esfuerzos por hacer que la ciencia, la tecnología y la innovación (párrafo 92). Una oportunidad perdida por el G77+China de posicionarse más fuertemente frente al encuentro que marcará con más fuerza la agenda multilateral en 2024.

“Seamos realistas, es poco probable que aquellos que más se benefician del actual sistema de gobernanza global lideren su reforma. Por lo tanto, el impulso para el cambio debe venir de ustedes”.

Palabras de Antonio Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, en la inauguración de la Tercera Cumbre del Sur

La reunión se cerró con el compromiso de convocar a la IV Cumbre del Sur en la región de América Latina y el Caribe en 2029, cuando estaremos casi pisando la línea final de los ODS y posiblemente enfrascados en la parte final de las negociaciones de una “¿Agenda post-2030?” Tal vez hubiese sido más útil adelantar ese encuentro para 2027, dándole más posibilidades de ingerir en esa construcción. Con cambios tan rápidos en el escenario internacional como los que ya estamos acostumbrados a ver, escuchar la voz de los países del Sur de manera más regular, firme e innovadora sería la mayor contribución que el G77+China podría hacer al mundo actual.

Share This