La Asistencia Oficial Total para el Desarrollo Sostenible en América Latina y el Caribe: radiografía de un financiamiento marginal y errático

mayo 2, 2024
Javier Surasky
Director de investigación
j.surasky@cepei.org

Casi al mismo tiempo en que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo presentaba su Informe de Desarrollo Humano 2023-2024, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) daba a conocer las cifras definitivas de Asistencia Total Oficial para el Desarrollo Sostenible (TOSSD, por sus siglas en inglés) del año 2022.

La TOSSD es una medida que ha venido a complementar a la de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). En términos simples, la TOSSD busca incorporar dentro de la contabilidad de los flujos de cooperación al desarrollo flujos que no eran capturados en la AOD, tales como los recursos de donantes privados aportados para la realización de intervenciones oficiales de apoyo al desarrollo sostenible (para conocer más sobre el TOSSD ver su sitio web).

Fuente: Cepei basado en OCDE

La intención no es discutir aquí las bondades y debilidades de la TOSSD, sino tomarla como referencia para analizar el financiamiento del desarrollo sostenible que está teniendo a América latina y el Caribe como su destino.

Para tener un contexto general, comencemos por decir que la OCDE informa que los recursos de TOSSD representaron la suma de USD 438 mil millones en 2022, esto es aproximadamente el 34% del gasto militar sumado de los cinco países con mayor presupuesto militar en el mundo (figura 5).

Fuente: Cepei sobre datos OCDE (AOD y TOSSD), Forbes (riqueza individual), McKinsey&Company (gastos en productos de belleza) y SIPRI (gasto militar mundial)

Como ya está claro que hablamos de flujos de un monto insuficiente para acelerar el desarrollo sostenible, veamos cómo se han distribuido esos recursos, prestando especial atención a la situación de América Latina y el Caribe.

El primer dato a destacar sale de las diferencias en la prioridad que se le da a los recursos de TOSSD entre regiones según se trate de recursos transfronterizos (pilar 1), inversiones globales y regionales (pilar 2) o movilización de recursos del sector privado mediante canales oficiales (movilización). Aunque en todos los casos África es la región que recibe mayores recursos, cuando se trata de recursos transfronterizos América queda por detrás de Asia y de Europa; se ubica en el segundo lugar como mayor receptor de flujos orientados al desarrollo regional o global, y en el tercero, solo por delante de Europa, cuando hablamos de recursos privados contabilizados como TOSSD. 

Si contabilizamos el total de los recursos (Pilar 1+Pilar 2+Movilización), América es el tercer receptor, con una suma apenas superior a la que recibe Europa, mientras verificamos una hiper concentración de flujos de cooperación que terminan en África (tabla 3).

Fuente: Cepei sobre datos de la OCDE

La distribución de los recursos de TOSSD con destino en América Latina y el Caribe según sus categorías, muestra un comportamiento errático, con cambios bruscos en cada uno de ellos (figura 6). En todo el período, los recursos transfronterizos son el principal flujo de financiamiento externo. Las bajas contribuciones del pilar dos parecen indicar que la región está siendo incapaz de presentarse como bloque para promover su desarrollo conjunto, pero también que no logra explotar ser ubicación de bienes públicos globales, lo que posiblemente se deba a su celosa idea de soberanía nacional.

Fuente: Cepei sobre datos de la OCDE

Si cambiamos el enfoque para irnos al nivel de países, vemos que la lista mundial de principales receptores de TOSSD cambia fuertemente para cada una de sus diferentes áreas (tabla 4).

Se destacan en negrita los países de América Latina y el Caribe
Fuente: Cepei sobre datos de la OCDE

En el pilar uno, que moviliza una mayor cantidad de recursos, aparece Colombia como único representante de la región. En el pilar dos no hay ninguno (en este pilar el país mejor ubicado de ALC es nuevamente Colombia, en el puesto 17), pero lista cinco países entre los que han recibido más recursos desde el sector privado canalizados a través de vías oficiales. Como vimos, los recursos de este rubro son los más inestables y difíciles de prever, lo que atenta contra la posibilidad de pensar en financiamientos para trabajos de largo plazo. Estos son justamente los que requieren superar obstáculos estructurales (como la carencia de infraestructuras) y los que mayormente afectan a países de la región.

Al analizar el detalle de los montos totales recibidos por cada país de la región aparece una nueva contradicción en los flujos de TOSSD; en las regiones de destino de estos flujos identificamos la concentración que se produce en África, lo que se suele explicar al ser la zona con mayor pobreza a escala global, y por tanto destino preferencial de recursos que buscan cumplir con la promesa del desarrollo sostenible de no dejar a nadie atrás.

Sin embargo, cuando vemos qué países de ALC son los principales receptores de TOSSD (figura 7), esa explicación se desintegra.

Fuente: Cepei sobre datos de la OCDE

Salta a la vista que los mayores receptores son algunos de los países con mayor PIB per cápita de la región, mientras que algunos de los más necesitados aparecen en posiciones agrupadas en la mitad de la lista: Haití, el país más pobre de la región, ocupa la posición 17 en el ranking de receptores de TOSSD en ALC; Nicaragua, se segundo país con mayor pobreza de la región, se posiciona como 10º receptor en esa lista y Honduras, el tercero en nivel de pobreza aparece en la posición número 12.

Aún cuando deja muchos espacios de debate posible, la inclusión de nuevos capítulos de financiamiento en la TOSSD que no aparecían en la contabilización de la Ayuda Oficial al Desarrollo, logra reafirmar con más y mejor información que la asistencia al desarrollo está integrada por recursos que, a nivel global, representan un monto marginal. A su vez, América Latina recibe una parte, nuevamente, marginal de esos recursos, muy por debajo de sus necesidades para enfrentar problemas estructurales que impiden el avance acelerado hacia los ODS.

Pero no todo es externo. Vemos también que la región no logra imponer temas de los que podría beneficiarse, como su titularidad de recursos que deben ser entendidos como bienes públicos globales, ni puede construir un diálogo político a partir del cual identificar consensos regionales, por más básicos que sean, que le permitan hablar con una voz unida ante la sociedad internacional.

La revisión profunda del sistema de apoyo al desarrollo sostenible, incluyendo al sistema financiero internacional y sus instituciones, es un prerrequisito para acelerar el camino hacia el cumplimiento de la Agenda 2030. La Cumbre del Futuro, que se reunirá en septiembre de 2024, abre una oportunidad para avanzar en esa vía, y América Latina y el Caribe debería utilizarla de manera inteligente.

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