América Latina y el Caribe: perspectivas a 2024 y sus posibles impactos en el desarrollo sostenible

diciembre 13, 2023
Javier Surasky
Director de investigación
j.surasky@cepei.org

El año 2024 presentará nuevas ventanas de oportunidad y obstáculos a la aceleración de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en América Latina y el Caribe (ALC). A continuación analizamos algunas tendencias de la región para 2024 en cada una de las tres dimensiones del desarrollo sostenible, a las que agregamos la consideración de elementos de gobernanza para ayudar a entender un marco que no parece fácil y en el que se deberán tomar decisiones críticas para el futuro.

En 2024 tendremos elecciones presidenciales en seis países de la región. Los sondeos señalan que el partido en el ejercicio del poder mantendría la conducción en México, donde Claudia Sheinbaum podría convertirse en la primer a mujer presidente de su historia; El Salvador, renovaría el mandato a Nayib Bukele a pesar de las dudas sobre la constitucionalidad de su nueva candidatura al cargo. En Uruguay y República Dominicana, donde Luis Lacalle PouLuis Abinader buscarán la renovación de sus mandatos, los altos niveles de aprobación de sus gestiones apuntan a una posible reelección.

En el otro extremo, las encuestas señalan una posible derrota del oficialismo en Panamá donde el expresidente Ricardo Martinelli (2009-2014) lidera la intención de voto a pesar de haber sido condenado en 2023 por un caso de corrupción y lavado de dinero, una sentencia que se encuentra en proceso de apelación.

En Venezuela, único país de la lista sin fecha para realizar su proceso electoral, las controversias en torno al gobierno de Nicolás Maduro y la falta de transparencia en la información, sumadas al encarcelamiento de referentes de la oposición, impiden cualquier análisis. 

La escalada hacia un enfrentamiento armado con Guyana por la región fronteriza del Esequibo, rica en petróleo, minerales y gas, deberá ser seguida con atención. Resultado de una larga disputa diplomática y jurídica entre ambos países, su último capítulo había tenido lugar en 2018, cuando Guyana, con respaldo del actual Secretario General de la ONU, acudió a la Corte Internacional de Justicia para solicitar que se reafirme el arbitraje internacional que fijó la frontera entre ambos países en 1899. El gobierno de Maduro respondió desconociendo la facultad de la Corte para entender el caso. 

Luego, en 2020, el tribunal se declaró competente para entender en el caso, pero todavía no ha pronunciado su fallo final. La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), casi ausente del mapa político regional en los últimos años, reaparece para realizar una mediación entre ambos países cuyo final es hoy incierto.

Todos esos procesos quedan enmarcados en una alta desconfianza ciudadana respecto del sector político, acompañados por democracias debilitadas, tal como lo refleja el Índice de Democracia 2022 de The Economist.

Por otro lado, la llegada de Javier Milei, un outsider político, a la presidencia de Argentina abre interrogantes sobre su futuro posicionamiento regional y tendrá efectos de alcance regional con cambios de alianzas en temas sensibles, desde el apoyo a políticas regionales ambientales hasta el rediseño de la inserción del país en el comercio internacional. con potenciales impactos de envergadura en el cono sur. 

Todo lo anterior, sumado al bajo crecimiento y las dificultades económicas que se señalan en la siguiente sección, se erigen como desafíos para acelerar trayectorias regionales de reducción de la pobreza, lucha contra la informalidad laboral y el desempleo, implementación de políticas públicas de promoción de la equidad y de la igualdad de género, entre otras. Por estos motivos, habrá más presión sobre los recursos ambientales regionales, lo que podría incentivar nuevas protestas e intranquilidad social.

Implementar acciones que impulsen al desarrollo sostenible requiere recursos financieros. Desde hace tiempo, ALC es una región de baja prioridad para la cooperación internacional y la llegada de inversión extranjera es limitada, por lo cual generar recursos propios, en un marco de restricciones económicas globales, es fundamental.

El crecimiento promedio proyectado para la región en 2024 es del 1,5% repartido por subregiones de la siguiente manera: el Caribe (sin incluir Guyana que vive una situación particular debido a su reciente ingreso al “club” de países exportadores de petróleo), 2,8%; Centroamérica y México, 2,1% y América del Sur, 1,2%. Como resultado, se espera una desaceleración del crecimiento del empleo.

Para intentar recuperarlo, los países de la región parecen orientarse hacia políticas monetarias flexibles que aumenten sus exportaciones. Países como Brasil, Chile y Perú, por ejemplo, redujeron las tasas en el tercer trimestre de 2023 y se espera que Colombia y México lo hagan a inicios de 2024, pero la desaceleración del crecimiento de países como Estados Unidos y China se traducen en una menor demanda de productos primarios, principal exportación de los países de ALC, en los mercados internacionales. A ello se suman las deficiencias de infraestructura para el transporte de mercancías que existen a lo largo de la región, creando un obstáculo a su capacidad exportadora.

La posible caída en la demanda de bienes básicos viene acompañada de una previsión de que en 2024 continúen cayendo sus precios, con la excepción de los bienes primarios energéticos, lo que potenciará la presión sobre las balanzas comerciales de los países de ALC.

En materia de minerales, el impulso de la industria extractiva puede dar lugar al ingreso de divisas en países como Argentina, Chile y Bolivia (el triángulo del litio), aunque la incógnita de la llegada de inversiones está dada por las dudas sobre las políticas económicas y empresariales en esos países y la creciente demanda ciudadana por la regulación de la actividad minera para reducir sus efectos sobre el medio ambiente.

Ahora bien, un impulso a la actividad de procesamiento de minerales que acompañe a su extracción podría venir de la mano de la puja global entre China, Estados Unidos y la Unión Europea, ya que los dos últimos buscan reducir el peso mundial de China en el procesamiento de minerales.

Finalmente, cabe destacar que la relocalización de cadenas de suministros que siguió a la crisis de la Covid-19, aportará ingresos solo a alguno países de ALC como México y Panamá

El cambio climático se siente ya con fuerza en la región: se prevé que la temperatura promedio de ALC para 2021-2040 será cerca de 1°C más alta que en el período 1985-2014.

Al mismo tiempo, ALC es clave para alcanzar soluciones a los desafíos del cambio climático: allí se encuentra el 40% de la biodiversidad y más del 25% de los bosques del planeta. Además, la región juega un rol central en la producción sostenible de alimentos y en materia energética, donde coinciden una matriz de producción de energías conformada en más del 30% por “energías verdes”, porcentaje que para algunos países supera el 90% con un perfil exportador altamente ligado a actividades extractivas potencialmente contaminantes.

Aunque aporta menos del 10% a las emisiones globales de gases de efecto invernadero, ALC produce daños cuyo coste supera ya el 2% de su PIB anual combinado como consecuencia del agravamiento y la mayor recursividad de climas extremos y catástrofes ambientales. Cabe destacar que la región es la segunda más vulnerable a desastres naturales que, desde el año 2000, han afectado aproximadamente 190 millones de personas.

Los efectos climáticos previstos de la corriente de “El Niño” en la región, con aumentos de lluvia en algunos sectores emparejados con sequías en otras, se traducirán en oportunidades y riesgos diferenciados para los distintos países de la región en 2024. En perspectiva, Argentina y Paraguay podrían beneficiarse de más lluvias que beneficien el cultivo, mientras que Colombia y América Central estarán expuestos a sequías y el Caribe a efectos climáticos extremos.

Precisamente, será la intensidad de los extremos climáticos que alcance “El Niño” la que definirá sus impactos sobre la producción de bienes básicos, la generación de energía y el transporte, pero en cualquier caso podría contribuir a las ya instaladas presiones inflacionarias que existen en ALC.

Para la región es clave lo que ocurra en la 28ª Conferencia de Partes del Tratado Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 28), donde se aspira a establecer un “Fondo de pérdidas y daños” para enfrentar los costos del cambio climático, y aumentar el financiamiento para la mitigación de este. Sin embargo, la preocupación central de la región estará en la adopción de un nuevo “objetivo global de adaptación al cambio climático” para guiar y financiar las acciones que requiere adaptarse a los cambios que este ya ha producido, y que acompañe al objetivo de mitigación establecido en el Acuerdo de París. 

Definir ese objetivo y crear canales para financiar su logro es uno de los temas de mayor complejidad en la COP 28 y es incierto cuál será su resultado. Chile, junto con Australia, han sido designados como países cofacilitadores de esa negociación.

Paralelamente, lo que ocurra en la COP y los debates sobre asuntos climáticos y financieros que tendrán lugar en 2024 deberían encontrar a ALC como líder en torno a la Iniciativa de Bridgetown, presentada por Barbados en 2022, para modificar el sistema financiero internacional y frenar con urgencia el cambio climático, combinando dos preocupaciones de hondo calado regional.

En 2024 dos países de la región, Jamaica y República Dominicana, deberían adoptar nuevas estrategias de desarrollo nacionales:

Brasil, por su parte, volverá a tener activa su comisión para la implementación y seguimiento de los ODS a partir de diciembre de 2023, luego de que fuera desactivada por la administración de Jair Bolsonaro y repuesta por el actual gobierno.

A ello se suma que presentarán Informes Nacionales Voluntarios de implementación de los ODS los siguientes países de la región: Argentina, Belice, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Honduras y Perú. Es posible, sin embargo, que la posición del recién electo presidente de la Argentina, Javier Milei, en contra de la Agenda 2030, lleve al país a retirar su ofrecimiento.

Por otro lado, en 2024 se realizará el sexto foro de los países de América Latina y el Caribe en la ciudad de Santiago de Chile, encuentro que será de especial importancia para la región dado que no solo servirá, como tradicionalmente lo hace, como reunión preparatoria regional del proceso de seguimiento y evaluación de la Agenda 2030 que concluye en el Foro Político de Alto Nivel de las Naciones Unidas, sino que será un momento clave en el camino regional hacia la Cumbre del Futuro, que se reunirá en Nueva York en septiembre de 2024.

Es importante tener en cuenta que el próximo año encontrará a países y funcionarios de ALC ocupando posiciones de alta capacidad de influir en los debates globales sobre el futuro del multilateralismo:

A ello se suma la creciente actividad en torno al nombramiento de la persona que sucederá al actual secretario general de las Naciones Unidas. De acuerdo con la práctica de rotación geográfica en el ejercicio de esa responsabilidad, correspondería a una persona de ALC ocupar el cargo. No obstante, Europa Oriental ha señalado que, a su parecer, su turno fue “saltado”, dado que le correspondía la secretaría general de la organización cuando se designó a Guterres, de Europa Occidental, para su primer mandato.

En caso de que prospere el posicionamiento de ALC sobre el de Europa Oriental, posiblemente veamos en 2024 las primeras pujas por posicionar candidatos y candidatas para el cargo. La presión por lograr que, por primera vez en la historia, sea una mujer quien dirija la ONU fue despreciada al momento de escoger al actual secretario general, pero difícilmente pueda volver a ocurrir lo mismo.

Si bien es temprano para adelantar nombres, quien aparece como una referencia ineludible es la actual primera ministra de Barbados, Mia Amor Mottley, aunque hay varias candidaturas en danza.


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