Por qué la desconfianza mundial no debe ser una amenaza para la Agenda 2030

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Autores: Naira Costa y Andrew Griffiths

Together 2030 Core Group


Original en inglés publicado en el blog del Foro Económico Mundial de Davos el 12 de enero de 2017: http://bit.ly/2jpqdJg

Traducido al español por Javier Surasky (Together 2030 Core Group)

Vivimos en un mundo donde reina la desconfianza. El año pasado nos ha dado amplias pruebas de ello, desde votantes expresando su desdén por las elites políticas hasta personas usando su poder para debilitar a la comunidad internacional. Algunos estados están ahora debilitando consistentemente las posibles soluciones globales a problemas globales, y las propias instituciones creadas para fomentar la cohesión internacional enfrentan una resistencia sin precedentes.

Estamos muy lejos de la esperanza que todos sentimos en 2015, año en que los líderes mundiales llegaron a dos acuerdos trascendentales para proteger el futuro del planeta y de las personas: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París para combatir el cambio climático. Ambos documentos fueron construidos sobre la base de un entendimiento global, sólidos argumentos científicos y la convicción de que el statu quo ya no era aceptable ni sostenible.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son de una ambición asombrosa, detallados en metas e incomparables en su alcance. El acuerdo contra el cambio climático adoptado en la COP21 fue señalado, con razón, como un momento de avance en la cooperación a nivel planetario. Parecía y se sentía como el amanecer de una nueva era.

El año de la desconfianza

Pero si 2015 fue el año de la esperanza, 2016 fue el de la desconfianza. La brecha de desconfianza entre ciudadanos y sistemas políticos nunca había sido tan grande. La paradoja es que mientras las declaraciones de voluntad política por cerrar esa brecha nunca fueron más claras, el reto de construir el puente nunca ha sido mayor.

Dentro de ese abismo se mueve la sociedad civil, desde las grandes organizaciones internacionales para el desarrollo hasta los pequeños proyectos de bases locales. La sociedad civil está comprometida a enfrentar las crecientes inequidades mundiales en materia de riqueza y de oportunidades, el número sin precedente de personas desplazándose por el mundo, la pobreza y el hambre de millones. Y al mismo tiempo observa a una debilitada comunidad internacional incapaz de actuar incluso ante un genocidio en proceso.

Frente a este escenario poco prometedor, la Agenda 2030 hace su llamado por el establecimiento de una nueva asociación global. Su audaz promesa expresa un “espíritu de solidaridad global reforzada, centrada en particular en las necesidades de los más pobres y más vulnerables y con la participación de todos los países, todos los interesados y todas las personas”.

¿Los ODS bajo amenaza?

Nuestra experiencia nos dice que el ambiente de desconfianza amenaza el devenir completo de la Agenda 2030. Las asociaciones transformacionales y positivas necesarias para lograr los ODS simplemente no pueden ser construidas si no están respaldadas en la confianza.

Nuestra evidencia señala el riesgo de que los ODS se estén viendo comprometidos aún antes de que la tinta con la que se escribieron se haya secado.

Cuando Juntos 2030 realizó una encuesta entre múltiples interesados, en el período previo a la realización del Foro Político de Alto Nivel de las Naciones Unidas de 2016, descubrimos que la comprensión que estos tenían de la Agenda 2030 no se había convertido en capacidad para participar en procesos de planificación nacional.

Hemos producido estudios de casos para resaltar la forma en que la sociedad civil, con todo su compromiso y conocimientos, está siendo excluida de las discusiones en torno a la manera en la cual la Agenda 2030 será implementada por cada país y cómo los gobiernos rendirán cuentas por sus acciones.

Más aún, podemos demostrar que los países más ricos no están cumpliendo con el principio básico expresado en la Agenda 2030 según el cual alcanzar los ODS es responsabilidad de cada uno de los países del mundo y no solo de los países en desarrollo. Hemos analizado los discursos pronunciados durante el Debate General de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 2016 para identificar qué países habían comprendido ese concepto de universalidad y los resultados fueron impactantes: de 40 estados que hicieron referencia a planes de implementación nacional de los ODS solo 6 eran desarrollados (Bulgaria, Finlandia, los Países Bajos, Estonia, Suiza y Japón), hecho que resulta todavía más sorprendente al recordar que el tema del debate de la Asamblea General era “Los Objetivos de Desarrollo Sostenible: un impulso universal para transformar nuestro mundo”.

Manteniendo la responsabilidad de los países ricos

Este fracaso en comprender un pilar central de la Agenda 2030 —todos los países, en todas partes, son responsables por su cumplimiento—, socava aún más la confianza entre la sociedad civil y los gobiernos, tanto en el norte como en el sur globales.

Esta evidencia de que las naciones más ricas ya están rezagadas está alimentando la atmósfera de desconfianza existente. Si las personas no pueden confiar en los compromisos asumidos por sus líderes en el escenario global, ¿cómo pueden creer en las promesas que hacen más cerca de sus hogares?

También, por supuesto, hay muchos ejemplos positivos, y las lecciones que resultan de ellos pueden darnos alguna esperanza. Algunos países ya están liderando el camino de elaboración de planes nacionales para hacer realidad los ODS. Nuestros miembros pueden confirmar que cuando la sociedad civil participa en estos procesos de planificación e implementación, la Agenda 2030 puede realmente ser utilizada para superar la desconfianza entre gobiernos y sociedad civil.

No es que los temas cubiertos por la Agenda 2030 sean difíciles de vender o explicar: salud, educación, igualdad, acabar con la corrupción, cuidar el medio ambiente están entre las cosas que más importan a la gente en su vida cotidiana; pero para que la Agenda 2030 sea real para las personas debe haber una conexión significativa entre ellas y los planes de implementación.

Nuevas formas para la rendición de cuentas

La sociedad civil se encuentra en una posición privilegiada para conectar las aspiraciones y las necesidades de las personas con los medios para su satisfacción, pero debemos entender las nuevas formas de rendición de cuentas que funcionarán en la actual atmósfera de desconfianza.

Ya hay ejemplos que deben ser aprovechados: el proceso de Informes Nacionales Voluntarios del Foro Político de Alto Nivel de 2016 nos mostró cómo la sociedad civil puede trabajar efectivamente con los gobiernos para superar la brecha sustancial que existe entre las personas y la definición de políticas nacionales.

En los países donde la sociedad civil contribuyó a desarrollar planes nacionales de desarrollo sostenible, portando una voz que fue respetuosamente escuchada y considerada, surgieron una serie de beneficios: se establecieron asociaciones honestas y productivas, grupos marginados se vieron incluidos y la sociedad civil se convirtió en un vínculo fundamental entre gobiernos y personas afectadas por sus decisiones. De hecho, cuando los gobiernos se comprometieron plenamente en el proceso, pudieron ver el valor agregado que resulta de alcanzar soluciones multilaterales a las cuestiones que ellos mismos introducían.

Se trata de un modelo que necesita ser construido y ampliado a medida que todos los países vayan incrementando sus esfuerzos para enfrentar los desafíos que les imponen los ODS.

Ninguno de los elementos esenciales para ello —planificación, presupuesto, acción y rendición de cuentas— pueden ser generados a través de plataformas internacionales de alto perfil. Tampoco pueden imponerse a través de indicadores de resultados establecidos por una a veces distante Organización de las Naciones Unidas, tal como ocurrió con los antiguos Objetivos de Desarrollo del Milenio que los ODS vinieron a reemplazar.

Algunas de las mejores investigaciones ya están sugiriendo que los “mecanismos de apoyo y aprecio” (“supportive and appreciative mechanisms”) proporcionarán la mejor vía para la rendición de cuentas asociada al cumplimiento de la Agenda 2030. La sociedad civil puede y debe desempeñar un papel central en la construcción de esta nueva forma de rendición de cuentas.

Continuaremos reuniendo evidencia e información sobre lo que funciona mejor dentro de cada país. Vamos a destacar a los que hagan mejor su tarea y, quizás, avergonzar a los negligentes. Recopilaremos historias, daremos a conocer las mejores prácticas y haremos todo lo que podamos para que la proyección a 2030 sea cumplida. Simplemente, no podemos permitir que esta oportunidad de producir cambios extraordinarios, que es única para nuestra generación, se escape debido a una crisis mundial de confianza.

Mantener a los gobiernos rindiendo cuentas es parte central de una estrategia para reconstruir la confianza. La sociedad civil puede y debe asumir un papel central en este nuevo desafío de transparencia, situándose en la brecha que hoy existe, construyendo puentes a través de ella y, sobre todo, asegurándose de que los ODS salgan del papel y lleguen a la vida de las personas.

Juntos 2030 (Together 2030) es una iniciativa de la sociedad civil que reúne a más de 450 organizaciones de 89 países para promover la implementación nacional de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y realizar el seguimiento de su progreso.

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