COVID-19 | Apuntes para rediseñar el orden global: lucha contra el hambre

Javier Surasky

Mayo 27, 2020

Javier Surasky
Cepei 
j.surasky@cepei.org 

27 de mayo de 2020 


En esta nueva entrada de nuestro blog sobre COVID-19 y desarrollo sostenible, continuamos recorriendo algunas de las metas de los ODS que requieren ser tenidas en consideración para rediseñar el orden mundial post-pandemia (aquí pueden ver lo que decíamos sobre la Agenda 2030 y aquí las referencias al ODS 1).

En esta oportunidad vamos a enfocarnos en metas asociadas al ODS 2: poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible.

Las primeras dos metas de este objetivo expresan los compromisos de los países de poner fin al hambre y a la malnutrición, con la particularidad de alcanzar las metas convenidas internacionalmente sobre retraso del crecimiento y la emaciación de los niños menores de 5 años, y abordar las necesidades de nutrición de las adolescentes, las mujeres embarazadas y lactantes y las personas de edad “a más tardar en 2025”.

El primer dato a considerar es que la subalimentación en América Latina y el Caribe se redujo durante los años de vigencia de los Objetivos de Desarrollo del Milenio desde 62,6 millones de personas en 2000 hasta 39,1 millones en 2015. Sin embargo, de acuerdo con la FAO, desde 2014 el número de personas en esta situación ha aumentado anualmente hasta alcanzar los 42,5 millones en 2018, último año con estadísticas oficiales. La región se movía en dirección opuesta al logro de la meta antes de que estallara la pandemia.

Respecto de la emaciación, la situación en América Latina es mejor: a fin de 2018 su prevalencia rondaba el 7% entre la población total, alcanzando cerca de 700 mil niños menores de 5 años a finales de 2018. Respecto de este último dato, destacamos las grandes diferencias entre regiones: mientras en Mesoamérica afectaba a un 0,9% de los niños y niñas, en el Caribe el porcentaje crecía hasta el 3%. Nos dice el Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe, 2019, producido por la FAO, la OPS/OMS, el PMA y UNICEF que “la emaciación es más frecuente en los países que, por su ubicación geográfica, están sujetos a impactos climáticos, conflictos o contingencias económicas abruptas que suelen afectar de forma transitoria, pero recurrente y periódica, el acceso a los alimentos” (p.17). No hay que analizar mucho para deducir que las medidas contra el COVID-19 impactarán estos números de forma negativa.

Las metas 2.3 y 2.4 hacen mención a compromisos sobre la mejora de la productividad agrícola y los ingresos de los productores de alimentos, y a la sostenibilidad de los sistemas de producción de alimentos.

Respecto del primer tema, casi no hay datos sobre productividad de los pequeños productores de alimentos, lo que solo nos permite señalar que esta es sistemáticamente menor en las pequeñas producciones, que el promedio de las grandes producciones. Respecto del segundo indicador, aún se están señalando pruebas para lograr afinarlo y medir resultados. La falta de datos aparece aquí como un obstáculo mayor.

La meta 2.5 es una de las que tienen como fecha límite para su cumplimiento el último día de 2020, y refiere al mantenimiento de la diversidad genética de semillas, plantas cultivadas y animales de granja. En nuestra región, América del Sur muestra que entre las variedades sobre las cuales existe información, el 44% se encuentra en situación de riesgo, un número menor considerando las otras regiones para las que existen datos (84% en Europa y 71% para el África meridional). No existe información suficiente para otras regiones y subregiones.

La meta 2.a llama a aumentar, incluso mediante una mayor cooperación internacional, las inversiones en infraestructura rural, investigación y servicios de extensión agrícola, desarrollo tecnológico y bancos de genes de plantas y ganado, a fin de mejorar la capacidad de producción agropecuaria en los países en desarrollo, particularmente en los países menos adelantados. En nuestra región, los flujos oficiales totales (desembolsos) de cooperación para la agricultura recibidos por diferentes países, en millones de USD a precios constantes de 2017, muestran una desigual distribución que lleva más recursos a los países más grandes, “dejando muchos atrás”.

Fuente: elaboración propia

Las acciones que tomen los países de la región para responder a las consecuencias de la actual pandemia una vez superada la reacción urgente, deben incluir una consideración sobre los efectos posibles que tendrán sobre las capacidades de producción de alimentos, haciendo de la promoción de la soberanía alimentaria un eje transversal. Incluir apoyos a la productividad y un mejor acceso a los mercados de los pequeños productores en la programación no solo implica respetar el compromiso de “no dejar a nadie atrás”, sino que son ellos quienes mantienen una relación de mayor cuidado de la tierra y los ecosistemas, generando así impactos cruzados positivos sobre los ODS 1 (erradicación de la pobreza); 6 (agua limpia y saneamiento); 12 (producción y consumo responsables); 13 (acción por el clima) y 15 (vida de ecosistemas terrestres).

Algunas medidas prácticas que podrían incluirse entre las estrategias de superación de los daños provocados por el COVID-19 en este sentido son:

  • Implementar programas de acceso a alimentos para los más vulnerables (cupones, tarjetas).
  • Reservar segmentos de compras públicas de alimentos a pequeños productores.
  • Complementar los programas de alimentos existentes con elementos de promoción de la autoproducción de alimentos (huertas pequeñas, horticultura urbana).
  • Programas de apoyo financiero (subsidios, preferencias fiscales, amnistías fiscales) a las pequeñas y medianas empresas del sector alimentario.

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Se reportaron 59,156 casos adicionales y 2,267 muertes en las últimas 24 horas, lo que representa un aumento relativo del 2% para casos y muertes respectivamente, en comparación con el día anterior.

Organización Panamericana de la Salud, 25 de mayo de 2020

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Acerca del autor

Javier Surasky

PHd en Relaciones Internacionales y en Cooperación Internacional al Desarrollo y Acción Humanitaria, ha dictado cursos en diferentes carreras de posgrado, entre ellas la Maestría en Relaciones Internacionales y la Maestría en Derechos Humanos de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina), el Máster en Cooperación Internacional de la Universidad Complutense de Madrid.