COVAX: buscando equidad en la salida de la pandemia

Por Javier Surasky
Cepei 
j.surasky@cepei.org

06 de octubre de 2020


Mientras los países de todo el mundo toman acciones para contener y enfrentar la expansión del virus COVID-19, y la ciencia avanza en dirección a tratamientos y vacunas contra este, ha ido creciendo el valor de la pregunta sobre cómo se distribuirá la vacuna a nivel global, y cómo se organizará una inédita campaña de vacunación masiva a nivel planetario.

Dado que las vacunas constituyen bienes públicos globales “impuros”, pues solo disfrutaremos de inmunidad si la mayor parte de la población mundial está vacunada, la aplicación de una dosis a una persona excluye que se le aplique a otra. Por este motivo, buscar la equidad en su distribución se convierte en un espacio donde se cruzan necesidades globales, intereses nacionales y desigualdad económica para costear el acceso al tratamiento.

Buscando una solución al problema de la enorme inversión que implica la investigación conducente al logro de una vacuna, la premura en desarrollarla y lo imperioso de una distribución masiva que alcance a todas las personas, en abril de 2020 se creó la Iniciativa “Access to COVID-19 Tools (ACT) Accelerator”, un marco de colaboración no institucional que reúne a actores públicos y privados, nacionales e internacionales, en un esfuerzo por acelerar el desarrollo, la producción y la distribución equitativa a test, tratamiento y vacunas contra el COVID-19.

El ACT-Accelerator se organizó en torno a cuatro ejes: diagnóstico, terapéutica, fortalecimiento de los sistemas de salud y vacunas. Dentro de este último pilar, la principal herramienta de trabajo es el COVAX, una plataforma coordinada por la Alianza Mundial para la Vacunación e Inmunización (GAVI), la Coalición para la innovación en respuesta a Epidemias (CEPI), y la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el cual participan más de 170 países de todos los niveles de ingreso. Aunque algunos de los miembros han decidido no hacer pública su participación o grado de aporte, por América Latina y el Caribe sí lo han hecho Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, México y Venezuela

Entre los 170 miembros, 92 recibirán apoyo de COVAX sin requerir la firma de un acuerdo previo. Por la región se encuentra entre ellos Bolivia, Haití, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Dominica, Granada, Guyana, Santa Lucía y San Vicente y las Granadinas.

COVAX opera como un fondo común de aportes de sus miembros para facilitar todos los procesos relacionados con la producción masiva y la distribución rápida y eficaz de las vacunas. De acuerdo con los aportes realizados, cada parte puede solicitar a COVAX una dosis total que alcance para la inmunización de entre 10 y 50% de su población. Ningún país que haya solicitado vacunas para cubrir el 20% o más de su población recibirá una cantidad por encima de ese porcentaje hasta tanto todos los demás hayan alcanzado ese umbral (a excepción, claro, de quienes hayan optado por adquirir un porcentaje inferior de vacunas). 

La iniciativa, que espera contar con dos mil millones de dosis en su poder a finales del año 2021, para los cuales lleva recaudados a fines de octubre de 2020 1.8 mil millones, invierte sus fondos en apoyar a las empresas que desarrollan las vacunas buscando que el riesgo de una producción masiva sea susceptible de ser enfrentado. También ha comprado por adelantado enormes paquetes de dosis de las principales vacunas en producción, consiguiendo con ello un acceso a menor precio. 

Astra-Zeneca fue el primer laboratorio en firmar un acuerdo con COVAX mediante el cual garantiza la entrega de 300 millones de dosis de su vacuna COVID-19 apenas la misma sea aprobada por la OMS. COVAX también ha firmado un acuerdo con el laboratorio Moderna que, junto a Asta-Zeneca, son los más avanzados en la prueba de sus vacunas, habiendo alcanzado la fase III de prueba en humanos.

La iniciativa COVAX ha sido construida sobre la experiencia previa del  mecanismo utilizado para el desarrollo y distribución de vacunas antineumocócicas. Se trata de un recordatorio de la necesidad de cooperar como única vía de salida a la crisis mundial de la salud que estamos enfrentando, y de hacerlo tal como lo indica la Agenda 2030: mediante alianzas multiactores amplias que trabajan para “no dejar a nadie atrás”.

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Acerca del autor

Javier Surasky

Doctor y Magíster en Relaciones Internacionales y en Cooperación Internacional al Desarrollo y Acción Humanitaria de la Universidad Nacional de La Plata, ha dictado cursos en diferentes carreras de posgrado, entre ellas la Maestría en Relaciones Internacionales y la Maestría en Derechos Humanos de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina), el Máster en Cooperación Internacional de la Universidad Complutense de Madrid (España) y el Curso de Posgrado sobre Derecho, Economía y Política en perspectivas comparadas: Unión Europea y Mercosur de la Universitá degli Studi di Bari (Italia).