COVID-19: financiamiento versus financiamiento

Javier Surasky
Cepei 
j.surasky@cepei.org

26 de marzo de 2020


La pandemia del COVID-19 no solo se mide con la fórmula triangular de muertos-contagiados-curados, sino también en pérdidas económicas.

El pasado 16 de marzo, Kristalina Giorgieva, Directora General del Fondo Monetario Internacional, expresaba la predisposición de la institución a movilizar un trillón de dólares contra el coronavirus como parte de un “un estímulo global coordinado”, convocando a los gobiernos a adoptar medidas de estímulo fiscal. Para entonces más de 20 países habían contactado al FMI por requerimientos de financiamiento originados en la pandemia. Dos días después, el Fondo negó un préstamo a Venezuela por un monto de 5 billones dirigido a detener el avance del virus: “Desafortunadamente, el Fondo no está en condiciones de considerar esta solicitud (…) El compromiso del FMI con los países miembros se basa en el reconocimiento oficial de sus gobiernos por parte de la comunidad internacional, como se refleja en la membresía del FMI (y) no hay claridad sobre ese reconocimiento en este momento”.

Mientras tanto, la Unión Europea debate su propio programa de incentivos frente al anuncio de su presidenta, Christine Lagard, de que podría producirse una contracción cercana al 5% en la zona euro, y algunos países ya han tomado decisiones. Un informe de la consultora argentina PXQ, publicado el 18 de marzo, muestra que los paquetes de ayuda/promoción económica nacional frente a los impactos en este campo del COVID-19 alcanzan valores porcentuales respecto de sus PIB que no tienen precedentes:

Alemania: 15,7%

Reino Unido: 15%

Francia: 14,1%

España: 8,8%

Estados Unidos: 4%

Italia: 1,2%

Otros países, como Australia, han comenzado a apoyar financieramente a sus líneas aéreas frente a las pérdidas que enfrentan.

Y estamos solo ante el comienzo.

Más allá del riesgo real para la economía que significa el Coronavirus (la Organización Internacional del Trabajo afirmó que podrían perderse hasta 25 millones de puestos laborales como resultado de la pandemia), es la segunda oportunidad en la que vemos surgir a borbotones dinero de las arcas de los Estados. El antecedente al que hacemos referencia estuvo dado por los apoyos públicos al sistema financiero privado que se dieron durante la crisis financiera mundial de 2008: el 2 de octubre de ese año, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó un plan de rescate financiero impulsado por la Administración Bush por un valor de 700 mil millones de dólares. Los países de Europa occidental aportaron en conjunto algo más de 1.700 billones de dólares.

La conclusión aquí es evidente: los recursos financieros existen y pueden movilizarse si la causa lo amerita. Una segunda conclusión es igualmente evidente: la promoción del desarrollo sostenible en los países en desarrollo no ha justificado una inversión monetaria cercana a la que estamos viendo hoy.

Tomemos como referencia la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) que brindan los países de la lista anterior, y observémosla en perspectiva de lo que se conoce como el “esfuerzo de ayuda” que realizan, es decir, el cálculo del monto de la AOD nacional dividido por el PIB del país donante. Los siguientes datos corresponden a la información proporcionada por el Comité de Asistencia al Desarrollo (CAD) para los montos de ayuda de 2017: 

Alemania: 0,67%

Reino Unido 0,70%

Francia 0,43%

España 0,19%

Estados Unidos 0,18%

Italia: 0,30%

A ello debe agregarse un agravante: en 1969 el informe “Pearson”, cuyo título real era Partners in Development (traducido como “El desarrollo: empresa común”), señalaba la necesidad de que los países desarrollados contribuyeran con un monto de ayuda al desarrollo equivalente al 0,70% de su PIB, recomendación que se convirtió en una meta cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas la incorporó en la resolución 2626 (XXV), la cual ponía en marcha el segundo decenio de las Naciones Unidas para el Desarrollo, en 1970. Desde entonces ese compromiso ha sido reafirmado tantas veces como ha sido incumplido por la mayor parte de los donantes, y en 2017, de los 29 miembros del CAD, solo cumplieron con él Suecia, Luxemburgo, Noruega, Dinamarca y el Reino Unido.

Si no fuera por la gravedad del tema, sería buena idea recordar la frase que suele atribuirse a Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”.  Sin embargo, en medio de la crisis actual que ha generado el COVID-19 en el mundo, es mejor preguntarse cuáles serán las consecuencias económicas de seguir apostando por modelos egoístas de desarrollo insostenible, y de dónde saldrán los recursos para hacerles frente. Esto, sabiendo que si se sale el desastre de control y nos golpea directamente en nuestras narices, algunos encontrarán cómo movilizar los recursos que hoy no existen, solo que para entonces podría ser tarde.



“Estados Unidos de América representa aproximadamente el 85% de los casos y el 84% de las muertes en la región. Los 50 estados, el Distrito de Columbia, Puerto Rico, Guam y las Islas Vírgenes de Estados Unidos han informado casos confirmados de COVID-19 con niveles variables de transmisión comunitaria (definidos o generalizados) en todos los estados de Estados Unidos, excepto en 11”.

Organización Panamericana de la Salud, 25 de marzo de 2020

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